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“Tiempos que desafían nuestra esperanza”

El Consejo Nacional de la Familia de Schoenstatt nos envía una carta donde nos invita a mirar la realidad nacional a la luz de la fe práctica, buscando cuál es el mensaje de Dios para nosotros en estos acontecimientos.  

 

 

Mensaje del Consejo Nacional de Familia

“Tiempos que desafían nuestra esperanza”

En el último tiempo asistimos a un ambiente generalizado de descontento que se ha expresado a través de grandes movimientos sociales, produciendo desconcierto y perplejidad. Estos movimientos podrán estar exacerbados y “contaminados” por intereses político-partidistas y mediáticos, aprovechados por grupos violentistas y anárquicos, pero tras ellos, sin duda hay insatisfacciones comprensibles y atendibles, donde se expresan anhelos profundos que se encuentran en el corazón de los hombres y mujeres de nuestro país, como son las aspiraciones por un orden social, más equitativo, libre, participativo y solidario. Los orígenes, síntomas y manifestaciones de estos movimientos son múltiples y provienen del campo educacional, ecológico, familiar, político – social, por nombrar algunos. Nos encontramos ante un profundo cambio cultural (cfr. Declaración del comité permanente de los Obispos, 10 de agosto 2011), que es difícil de asimilar e identificar.

La “rebelión” de los estudiantes, que ha abarcado también a sus familias, nos ha hecho tomar conciencia que el tema de la educación incumbe a toda la sociedad. A pesar de todos los avances en este ámbito, se nos ha hecho más patente que el problema de la educación concebida como mercancía y generando un excesivo endeudamiento en las clases medias, necesita de profundas transformaciones. Bien sabemos que de la calidad de la educación depende la calidad de vida, el desarrollo orgánico, integral y más pleno de las personas y de la cultura. Es indispensable, para que esto se haga realidad, la formación de una recta conciencia moral, la interiorización de valores y virtudes humanistas y sociales, como también la integración de una adecuada educación religiosa.

Tampoco ha sido fácil para los líderes políticos y sociales, canalizar las inquietudes y dar una respuesta clara, con convicción y certeza al movimiento social. Esta inestabilidad ha tocado también a la familia natural, la cual ha sufrido un debilitamiento progresivo a causa de políticas públicas erradas y del deterioro mismo del organismo de vinculaciones en la cultura actual. Unido a esto, se puede hablar también de una crisis de autoridad y liderazgo, de la que no ha quedado exenta la Iglesia, que por los casos por todos conocidos, se ha debilitado en su autoridad moral, ocasionando que amplios sectores de la sociedad hayan perdido confianza en ella.

Como nos enseña nuestro padre fundador, José Kentenich, Schoenstatt ha nacido para esta hora; él nos anima para que a la luz de la fe práctica analicemos cuál es el mensaje que nos trasmite el Señor en lo que está aconteciendo. Estamos conscientes de que estamos abordando un tema complejo. Nos situamos en nuestra óptica: el cambio de época y la creación de un nuevo orden social (hombre nuevo, en la comunidad nueva) cuyo núcleo es el organismo de vinculaciones natural y sobrenatural. Nuestra actitud está llena de esperanza y alegría por el Dios de la vida, por el Cristo de la Alianza que camina delante de nosotros por los senderos de la historia, que nos llama a mirar con fe hacia adelante, alejando toda amargura y tristeza. Él es el Salvador victorioso, que nos da la certeza que el bien y la vida prevalecerán.

Siendo lo pedagógico uno de los problemas centrales, nos encontramos en el ámbito desde el cual estamos llamados a dar especialmente nuestro aporte. Aquí nos situamos claramente en la perspectiva de nuestro carisma fundamental, como movimiento de educadores y de educación. Se trata de impulsar una potente corriente de auténtica educación, mostrando en forma atractiva la visión de la persona que en Cristo y María queremos educar. Se hace urgente, asimismo, educar un nuevo tipo de autoridad que respete la libertad, que promueva y sirva a la vida. Aspiramos a una sociedad en la que se afirme claramente el principio de autoridad y se ejerza democráticamente. Para que ésta ejerza su misión con eficacia, es esencial que crezca en autoridad moral.

La familia natural es la cuna y la escuela del organismo de vinculaciones, animada y orientada en la fuerza y dinámica del amor. No se trata sólo de tener familias bien constituidas, sino también que las familias tengan techo y comida, y posibilidades dignas. Esto requerirá asimismo, cambiar las leyes que sean necesarias para generar instancias que lo hagan posible, lo cual compromete especialmente a los laicos, quienes son los primeros responsables en la fe de ser apóstoles en medio del mundo. Por ello es urgente la formación de auténticos líderes cristianos; de personalidades libres que se comprometan con conciencia, responsabilidad y entusiasmo en la conducción de la historia como cooperadores de Dios.

La Mater es la que encarna toda esta realidad. Desde nuestra red de Santuarios, incluyendo los santuarios del hogar y del trabajo, Ella es el gran Signo que anuncia e irradia la esperanza del advenimiento de una nueva cultura con el sello de Cristo en este tercer milenio. Ella es la Madre y Educadora del hombre nuevo en la nueva comunidad, que nos requiere como instrumentos para hacer posible, desde el santuario, la renovación de la Iglesia y el mundo, en el que “Cristo nace de nuevo”. Tiempos de crisis, de cambio epocal, son momentos de gracias especiales y de “aceleración” en nuestro camino de santidad. Atendiendo las voces de la Divina Providencia, con miras al 2014, debemos centrar la esperanza en el gran regalo de Dios para esta hora: nuestra Alianza de Amor con la Madre Tres Veces Admirable de Schoenstatt. Ese es nuestro gran tesoro, nuestra fortaleza, allí esta toda nuestra seguridad y esperanza. Hoy más que nunca estamos llamados a vivirla en plenitud en el plano personal, y también comunitario. ¡Santidad, ahora!” significa encarnar, en grado heroico, el misterio de nuestra Alianza, y transformarnos así en hombres y mujeres forjadores de historia.

Ante los desafíos del tiempo actual presente queremos actuar unidos como la Familia del Padre, en comunión con nuestros pastores y con todas las comunidades vivas de la Iglesia, para que juntos construyamos la cultura de Alianza con la que soñó nuestro Padre y Profeta del 31 de Mayo.

 

Consejo Nacional de Familia

Bellavista, 30 de agosto de 2011