Miembros de nuestra Rama peregrinan a Tierra Santa
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Un grupo de 48 peregrinos, formado en gran parte por matrimonios de nuestra rama, tuvimos la maravillosa oportunidad de peregrinar a Schoenstatt y Tierra Santa.
Todo fue coordinado por Guillermo Cox, quien hace una excelente labor. Fuimos muy privilegiados al ser acompañados por el Padre Lucho, por todos conocido y asesor de nuestra rama, y el Padre Mauricio Torres, sacerdote diocesano schoenstattiano, capellán de la FACH, quienes celebraron diariamente la Eucaristía y nos ayudaron a profundizar en el sentido de cada lugar con sus meditaciones. Schoenstatt nos recibió precioso, una agradable primavera recién despertaba. La Hermana Julia nos atendió con mucha simpatía y calidez y nos fue mostrando cada rincón, con explicaciones claras y entretenidas. Tuvimos misa en el Santuario original; retiro en la Tumba del Padre Kentenich; visitamos su pieza; y luego Gymnich, lugar de su nacimiento, donde renovamos nuestro bautismo; conocimos y comprendimos en Metternich el Jardín de María; visitamos los montes Moriah y Sión, las casas de los padres, con su preciosa vista. Visitamos también Colonia y Coblenza, donde pudimos apreciar las bellezas de Alemania y gozamos cada noche de los kuchenes que nos dejaban las Hermanas, para recuperar fuerzas. Al llegar a Tierra Santa se nos unió como guía el Padre Sergio Olmedo, fraile franciscano, chileno, que nos mostró cada lugar, explicándonos con gran detalle su historia y su contexto. Estuvimos en Tel Aviv, Galilea y Jerusalén. En Galilea visitamos Nazaret con la imponente iglesia de la Anunciación y tuvimos un emocionante momento en su cripta, lugar donde el Ángel anunció a María que sería madre del hijo de Dios, lugar donde con su Sí comienza todo, cuna de nuestra fe. Visitamos también el Monte Tabor, donde muy entusiasmados con el Padre Lucho cantamos el himno de los colegios Monte Tabor y Nazaret. Renovamos nuestro matrimonio en Caná y cruzamos el mar de Galilea, visitando muchos lugares en los que Jesús obró milagros. En Jerusalén vivimos el vía crucis en la vía dolorosa, acompañamos a Cristo en la cruz del Gólgota y en su resurrección en el Santo Sepulcro. Recorrimos el Monte de los Olivos, su huerto, el lugar de la agonía de Cristo y de su ascensión. Conocimos el Cenáculo y preciosas iglesias, la de la dormición de María, la de Galicantus, la del Padre Nuestro. También estuvimos en Belén, en Betania, en Ein Karem. Rezamos y aprendimos harto, pero también nos reímos, nos bañamos en el Mar Muerto, anduvimos en camello, todo con un excelente grupo, de personas de todas las edades, en un ambiente de alegría y buena voluntad. Una gran vivencia de fe y comunidad. Miguel Vial dice: destacaría el buen ánimo, disposición y alegría excepcional del Padre Lucho, lo cual no me cabe duda, estuvo apoyado desde arriba por el Espíritu Santo y por su yunta el Padre Horacio. Víctor Álamos concluye: es un viaje que todo el que pueda debiera hacer, no es tan lejos, ni tan peligroso y es un gran regalo poder vivirlo. Fue una peregrinación de encantamiento con nuestro movimiento de acercamiento al Padre fundador y vivencia de la gran familia de Schoenstatt. Una peregrinación fortalecedora de vínculos: naturales, con el grupo, con nosotros mismos y como matrimonio y sobrenaturales, con la Mater y especialmente con su Hijo. Una peregrinación que lleva a un encuentro profundo con Jesús, con su historia, los lugares y cultura en que Él vivió, con lo que Él nos pide a cada uno. |
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