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Misionamos en Semana Santa

Las misiones en Parral y Rinconada fueron una experiencia única que permitió vivir una Pascua muy especial, en contacto con Cristo presente en el prójimo y en nuestras familias.  

 

Parral

Este fin de semana vivimos una Semana Santa muy especial en la localidad de Parral.

Convidados por Nuestra Mater, se armó un grupo de 17 familias Schoenstattianas, entre familias de Santiago y algunas familias de nuestra Rama de Parral, acompañados por el Padre Alex, (Sacerdote de Parral, también de nuestra Familia de Schoenstatt)  y la Hna. Lorena.

Vimos y vivimos el verdadero Cristo Sufriente durante este fin de semana.

Éramos 120 personas, entre Matrimonios y mucha juventud, todos nuestros hijos y algunos pololos.  Muchos de ellos dejaron panoramas entretenidos para unirse a esta labor maravillosa que fue aportar con un grano de arena a la reconstrucción Material y espiritual de varias familias.

Como dato les contamos que el 62% de Parral está destruido y es impresionante ver calles completamente abandonadas y destruidas con terrenos que ya no queda nada.  La Ciudad está funcionando, la gente con una fortaleza impresionante, alegres y con mucha confianza en Dios que los salvó de este gran terremoto.

Nos dividimos en 2 grupos, 50% fuimos a levantar 5 casas (Vivienda Básica) a 4 familias y 1 a la Parroquia de Parral.  El otro 50% se dedicó a visitar muchas familias, a rezar con ellos, acompañarlos, abrazarlos  y oír sus historias.

Es impresionante como este terremoto destapó mucha pobreza.

El día sábado celebramos una Vigilia Pascual preciosa, presidida por el Padre Alex en la Capilla de Buenos Aires, un sector de la ciudad de Parral que quedó muy dañado. La capilla, muy grande, estaba muy llena y que maravilla vivir ahí al Cristo Resucitado. Ver Nuestra Mater levantada en las manos de mucha gente que había sido visitada y que estaban esperando que dicha imagen fuera bendecida. Fue una emoción muy grande.

Terminando la Vigilia, un grupo de Jóvenes de nuestra Misión se dedicaron a repartir huevos de Pascua a la gente, ver esas caras de alegría, recompensaba todo el cansancio y falta de sueño del grupo.

Así se vivió nuestras Misiones Familiares, con sentimientos encontrados, por un lado felices con la idea de poder ayudar un poco y por el otro, con la angustia de no poder seguir ayudando más, es tanto lo que se necesita, que se hace un Mar.   Pero como nos leyó el Padre Alex en una de sus homilías, sobre la Madre Teresa de Calcuta, “nuestra ayuda es como un grano de arena en el mar,  sin ese grano de arena, el mar no sería el mismo”.

 

Rinconada de los Andes

Alrededor de treinta familias participaron el pasado fin de semana en la segunda versión de la “Misión en Familia” en Rinconada de Los Andes, organizada por un grupo de matrimonios de la Rama de Familias de la Zona Cordillera – Santiago de nuestro movimiento. Lo que comenzó como un proyecto piloto en noviembre del año pasado en el inicio del mes de María, ya tomó vuelo propio.

Esta vez, 29 matrimonios jóvenes y 108 niños entre 16 años y 8 meses, quisieron vivir una Semana Santa diferente visitando a las distintas comunidades del sector y apoyando la labor de la parroquia. También participaron en ellas el padre Eduardo Aguirre, la Hermana Asunción, la Hermana Lisette, y un grupo de nueve alumnas de enseñanza media que ayudaron a cuidar y a entretener a los niños.

“Quisimos detenernos un poco en esta vida tan acelerada que todos llevamos y tratar de vivir una Semana Santa recogida, en familia y compartiendo con la gente de Rinconada. La invitación para los misioneros y misionados era acompañar muy de cerca a Jesús en su Pasión, Muerte y Resurrección, y vivir el verdadero sentido de estos grandes misterios de nuestra fe”.

Visitas casa a casa, apoyo en la organización de los Vía Crucis locales, momentos de reflexión personal, matrimonial y grupal entre los propios misioneros, participación en la misa de la Cena del Señor y de los oficios del Viernes Santo, fueron algunas de las actividades que hicieron de este fin de semana unos días inolvidables y muy enriquecedores.

“Para nosotros fue un regalo y un privilegio poder vivir esta experiencia y compartir con otros el tesoro que significa conocer a Dios. Como familia fue muy bonito ver a los niños vivir la fe con tanta alegría, entusiasmo y naturalidad. Fue conocerlos en otro contexto y abrirlos a descubrir que existen otras realidades. En este tipo de vivencias uno intenta dar algo, pero al final recibe muchísimo más”, asegura Germán Squella, quien participó en estas misiones junto a su señora y sus cinco hijos.

El momento cúlmine de las misiones fue la celebración de la Vigilia Pascual en la ermita que tiene el movimiento de Schoenstatt en este lugar.

 

Estas misiones han sido lejos la mejor experiencia que hemos tenido como familia. Fueron tres días de una paz increíble en la que pudimos vivir la fe realmente en comunidad en donde  lo que nos unía era un inmenso amor por Jesús y la Mater. Levantarse temprano con la luna poniéndose en la cordillera, tomar desayuno todos juntos y salir a misionar casa por casa fue un regalo para el alma tanto de los papás como de los niños. No sabemos si misionamos o fuimos misionados. Nunca olvidaremos esos ojos brillantes llenos de esperanza de cada familia pobre que nos abrió su puerta. Creemos que fue Jesucristo mismo el que nos invitaba a vivir la vida con alegría, sencillez y completa entrega a los demás. Gracias por todo,”

Familia Vives Camus.

 

"En esta etapa de la vida, con niños muy chicos, es difícil participar en familia en retiros, meditaciones o apostolados. En ese sentido las misiones familiares nos dieron la oportunidad de hacerlo, y de enseñarle a nuestros hijos, desde temprana edad, el valor y la importancia de dar a conocer a Dios en otros rincones de nuestro país".

Familia Rosso Bellolio

 

Me gustó hacerme mas amigas y también encontré que fueron muy amorosos regalarnos cactus. Fuimos casa por casa diciendo si quieren participar en la parroquia. Lo pasé muy muy bien casa por casa ayudando a la gente.

Teresita (6) y Catalina (7 años) Ruiz-Tagle

 

Me gustó estar con las personas a quienes misionamos, escuchar sus historias de sus vidas y rezar con ellos. Y también lo encontré un buen acto, rezar, estar y conversar con ellos. Lo que no me gustó fue levantarme temprano, pero valió la pena.

Santiago Ruiz-Tagle (11 años)

 

La idea fue de nuestros papás, ellos nos motivaron a venir. Ninguno de nosotros había tenido la oportunidad de ir a misiones. Fuimos toda la familia (papás y 7 hermanos) y también se entusiasmaron los Squella-Contardo y los Riesco-Contardo, nuestros primos.

Al llegar allá, nos impresionó la cantidad de familias con niños de todas las edades dispuestas a ayudar. A pesar de que las misiones implican sacrificios, como ducharse con agua fría, no dormir tan bien, etc... al final ganamos cosas. Después de cada cosa que requería un esfuerzo para hacerla, uno siente que vale la pena. A pesar de ser niños y sentir que teníamos poco que aportar, Dios se valió de nosotros para llegar a otros. Eso nos hizo sentir muy bien, muy queridos y necesitados por Dios.

Fue increíble ir a misiones a las distintas casas y darse cuenta de la necesidad de la gente puede ser material, pero principalmente necesitan compañía, que alguien los escuche o simplemente los acompañe. Nos impresionó lo que pueden hacer algunos minutos  de estar con ellos, en los que la gente confiaba en uno y te contaban cosas muy personales, sus penas, dolores, pérdidas, etc..

Fue muy bonito ver que en muchas casas tenían un altar para Jesús, todos muy distintos, pero muy importantes para ellos. Esta fue una gran experiencia para cada uno y como familia, que todas maneras queremos repetir.

Antonia (16), Jaime (14), Diego(13), Catalina (11), Felipe (9), Josefina (2) y Matías (1) Contardo-Raczynski

 

En estas misiones de Semana Santa, recibimos muchos regalos. El primero fue estar todas las familias compartiendo una experiencia, luego la sonrisa y la bienvenida de cada familia que nos abrió la puerta de su casa para oírnos, informarse de las actividades religiosas, y hasta ofrecernos una rica empanada de mariscos o un vaso de agua. ¡Es increíble la alegría y la generosidad de la gente!

Hay que destacar El Vía Crucis con los niños,  la delicada preparación de cada estación que hacían las familias del pueblo, y el recuerdo de los niños de este “paseo” inolvidable que cada año esperan con ansias, donde las cruces que cuelgan de sus cuellos son su mayor tesoro.

Josefina Wagener

 

"Porque es dando como se recibe"...

Cuantas veces se ha tratado de hacer entender lo que San Francisco quiso decir en esta parte de la Oración Simple en un tiempo en que "eso" parece más una locura que otra cosa o cuando menos un contrasentido. Muchas veces se ha explicado tanto desde punto de vista teologico o sobrenatural y uno se puede aproximar a lo que el santo de Asis quiso decir en ella, sin embargo, son pocas las oportunidades, al menos como familia, en que hemos tenido la oportunidad de vivenciar esa frase.

Las recientes misiones Familiares en las que tuvimos el privilegio de participar en Semana Santa, en la localidad de Rinconada de Los Andes, fue una clara muestra del cabal sentido que tiene la frase del título.

Como matrimonio no habíamos participado de una experiencia similar y al decir verdad nunca creímos que fuésemos capaces de hacerlo, razón por la cual uno se da cuenta, como pequeño instrumento que somos, la forma en que Dios va obrando en uno dejando a un lado nuestro hedonismo, aprehensiones, etc... para salir a anunciar el amor de Dios. No siempre nos recibieron, otros lo hicieron con indiferencia pero no faltaron los que entusiastamente nos acogieron a nosotros y las niñitas en sus casas para permitirles hablarles de amor del Padre y en especial de su Hijo.

La mies es abundante y los operarios son poco y esperamos el Padre pueda cosechar con abundancia lo que pudimos sembrar.

Respecto del bien que como familia nos hicieron estas misiones podríamos extendernos demasiado, de ahí que creemos se resume bien en el título de este testimonio.
Sólo nos resta agradecer a las Hermanas Asunción y María Lisette, al Padre Eduardo Aguirre y en especial a Alejandra y Antonio Correa por la invitación que nos hicieron para ser parte de esta "pequeña construcción del reino en la tierra".

María de los Ángeles, Trinidad, Paula y Jorge Celis

 

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