Carta de despedida de nuestros Jefes de Rama 2020

A Jorge Matte y Verónica Ochagavia les tocó asumir como Jefes de Rama en un momento complejo para la Iglesia, el país y el mundo. De la mano de María, lograron grandes cosas, a pesar de las dificultades. ¡Gracias Coke y Vero! Por su cariño, dedicación y compromiso con la Familia de Schoenstatt de Santiago Cordillera.

“Hace justo dos años iniciábamos nuestro período como Jefes de la Rama. Lo hicimos asumiendo que se trataba de una gran tarea que nos superaba de muchas maneras. Sin embargo, llegamos a la convicción que Dios nos quería en este lugar y que la Mater necesitaba de nosotros.

Quisimos tomarnos un tiempo para conocer la realidad de las diferentes comunidades y del funcionamiento de la Rama como un todo. Éste fue quizás, uno de los grandes desafíos que descubrimos en nuestra jefatura. Nos dimos cuenta que a nuestra Rama le faltaba sentido de unidad, ese espíritu de Familia que es tan propio de nuestro carisma.

Al presentarnos en la primera Jornada de la CAM-CAF del año 2019 escogimos la imagen de la “tempestad calmada” porque éramos conscientes de que vivíamos tiempos difíciles. Luego de la visita del Papa, nuestra Iglesia atravesaba por una crisis importante y queríamos volver a centrar nuestra mirada en el Señor y pedirle a Él que condujera nuestra barca en medio de ese temporal.

No imaginábamos que esa crisis alcanzaría, meses después, a nuestro país. El 18 de octubre y los hechos que siguieron a ese día, nos demostraron un sostenido debilitamiento de las principales instituciones de nuestra patria. Nuevamente experimentábamos el miedo y la inseguridad en medio de la tormenta. Poco a poco caían lo que creíamos eran nuestras certezas.

Pero faltaba aún la pandemia y, poco después, las noticias referidas al padre fundador, que impactaron las pocas seguridades que aún manteníamos. Sin duda Dios nos ha estado interpelando con fuerza y urgencia todo este tiempo. Ya no había forma de ignorar su llamado y su invitación a un cambio.

Frente a estas realidades, en las que nos hemos sentido débiles e impotentes, hemos experimentado la fuerza de nuestra Alianza de Amor y la confianza que la Mater obra milagros. Ella, desde nuestros santuarios hogares, ha ido actuando y transformando nuestros corazones para ser instrumentos de estos nuevos tiempos.

Quizás el mayor logro para nosotros como jefes ha sido concretar, junto al equipo del apostolado, la misión en la Parroquia Nuestra Señora de los Dolores. Con ella hemos buscado salir de nuestra comodidad para ir en ayuda de los más necesitados de ese sector de Quinta Normal. No queríamos que fuese sólo algo asistencial, que obviamente se necesitaba por los efectos de la crisis social y la pandemia, sino que quisimos comprometernos directamente con los más necesitados. El voluntariado para la entrega de las cajas de alimentos poco a poco ha ido convirtiéndose en una forma de misión en el sector. Queda por delante el desafío de unirnos a la familia de la parroquia e ir construyendo juntos una nueva forma de relacionarnos, trabajar y compartir junto a los que no tienen lo que nosotros hemos recibido en abundancia.

De paso, este apostolado nos unió como Rama. Por primera vez, las diferentes comunidades que formamos la Rama hemos trabajado unidos por un mismo objetivo. Y eso se ha hecho patente. Agradecemos a todo el equipo de Apostolado que ha trabajado para lograr esta importante ayuda que significó entregar y repartir 400 cajas de alimentos mensualmente desde abril hasta diciembre de este año.

La tecnología, que ha sido nuestra compañera e instrumento para comunicarnos y trabajar durante todo este tiempo de pandemia, también vino a regalarnos la posibilidad de crecer en esta unidad de la Rama. Gracias a ella pudimos concretar una jornada virtual de la CAM-CAF y luego una jornada virtual de toda la Rama. Este ejercicio, que significó el trabajo conjunto de todas las comunidades junto al equipo de asesores que trabaja con nosotros, nos demostró que sí se puede. Que poco a poco podemos ir consolidando este espíritu de familia que queremos regalar a nuestra iglesia y nuestro país.

Una de las voces de Dios que intentamos acoger como jefes fue la necesidad de que los laicos asumamos el desafío de reconstruir nuestra Iglesia promoviendo una nueva forma de relacionarnos entre laicos y consagrados. Aportando desde lo que somos y acompañando a nuestros pastores, hermanas y consagradas. “Es la hora de los laicos”, nos ha dicho en reiteradas oportunidades el Santo Padre. Tenemos la convicción de que todo lo vivido en este tiempo como país, como Iglesia y al interior de la familia de Schoenstatt nos exige” dejar el sofá” y asumir el rol que cada uno de nosotros está llamado a cumplir. No podemos seguir esperando pasivamente.

En esta línea, el proceso de elecciones de los nuevos jefes de Rama nos muestra el camino.  Estamos muy contentos de la forma como se concretó. Aprovechamos de felicitar a Paco Domínguez y la Maca Ginés que asumirán esta posta que nosotros dejamos y agradecemos de todo corazón la generosidad y humildad con que los tres matrimonios candidatos aceptaron el desafío que les planteamos. El alto porcentaje de votantes en este proceso nos hablan de una Rama que quiere participar y comprometerse.

Queremos agradecer a todo el Consejo de la Rama que nos acompañó estos dos años. Este es un trabajo en equipo y cada uno fue y es importante para el éxito de la misión. Agradecemos también al equipo de asesores que trabajó junto a nosotros por su espíritu de servicio, consejo y humildad. Estamos convencidos que entre todos juntos lograremos renovarnos e implementar los cambios que Dios nos pide para el Chile de hoy, para nuestra Iglesia y para nuestra querida familia de Schoenstatt.

Finalmente agradecemos a Dios y la Mater por fijar su mirada en nosotros y confiarnos esta tarea. Esta jefatura fue para cada uno la oportunidad de crecer y admirarnos de nuestra mutua complementariedad. Fue también experimentarnos instrumentos y vivir conscientemente el abandono en manos de la Mater”.

Coke y Vero

 

 

 

 

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