Nuevos Aliados de la Mater en nuestra Rama

Nuestra querida Mater no deja de tocar las puertas de los hogares de nuestra Rama. En las últimas semanas, muchos matrimonios de Segundo Año sellaron su Alianza con Ella, en emotivas ceremonias en las que además compartieron momentos de gran alegría con sus hermanos de grupo.

 

 

El día de la alianza estábamos ansiosos. Nos habíamos preparado durante el año, profundizando con la ayuda de nuestro grupo en lo que significaba este “concepto”. Así y todo, tenemos que admitir que en algún momento no estuvimos seguros si hacerla o no. Pensábamos que hacerla significaría una enorme responsabilidad, y que tendríamos que cumplir con un montón de deberes sin estar seguros si realmente podríamos hacerlo de forma sostenida en el tiempo. No queríamos hacer la Alianza y fallarle a la Virgen. Preferíamos no equivocar.

En nuestro caso personal el Padre Mario fue determinante en nuestra decisión. En una de las reuniones tuvimos la oportunidad de que nos acompañara, y por su puesto nos habló de este tan importante momento. Nos dijo que hacer la Alianza significaba que, como matrimonio, pasaríamos a ser uno con María, para así acercarnos más a Dios. Y que la Alianza, lejos de ser una exigencia, era un tremendo regalo. Nos pidió que imaginásemos a María tocando la puerta de nuestro corazón, queriendo entrar y compartir con nosotros todo lo suyo, esperando también que compartamos lo nuestro. ¿Y quiénes éramos nosotros para negarle esa posibilidad?

De a poco fuimos además entendiendo qué significaba hacer esta Alianza en el día a día, y a través de lectura y las conversaciones con nuestro grupo fuimos siendo capaces de llevar a lo concreto este concepto, entendiendo cómo se manifestaba la Alianza en el día a día a través de nuestra entrega mutua con María, aumentando y haciendo crecer el Capital de Gracias.

Llegó el tan esperado día, y ya todos habíamos cumplido con algunas “tareas”: la redacción de peticiones u oraciones de perdón para leer ese día en la misa. También habíamos hecho ya nuestra Oración de Matrimonio, en la cual resumimos nuestra historia, dimos gracias por las bendiciones que Dios nos ha dado, pusimos en las manos de María nuestros más profundos deseos y aspiraciones y le prometimos aumentar día a día el Capital de Gracias, a través de una pequeña acción cotidiana que pensamos nos ayudaría a mantener la Alianza presente y viva en el día a día.

Fue muy emocionante leer nuestra oración ese día en el Santuario, y también escuchar las que habían escrito nuestros amigos, con quienes habíamos compartido tantas experiencias durante este año y medio. También nos emocionaron mucho las palabras que nuestros monitores tuvieron hacia nosotros, expresándonos a cada matrimonio lo que habíamos significado para el grupo y su crecimiento. El ambiente era de recogimiento, de emoción y de silencio, pero también de alegría y felicidad.

El padre Mario fue el encargado de hacer la Misa y acogernos, y nuevamente, con su estilo profundo pero clarificador, nos hizo tomar conciencia de cómo ese momento era uno de aquellos que marcan la vida de manera indiscutible, de esos momentos que la dividen en un antes y un después. Con esa convicción y seguros de querer invitar a María a habitar en nuestro Matrimonio y en nuestra familia celebramos la misa y nos entregamos, sintiéndonos muy cerca de Dios.

Queremos agradecer a todas las personas que hicieron posible que ese día fuera tan especial. A nuestros monitores, al padre Mario, a los Jefes de año y a Ignacio Bascuñán, quien generosamente nos acompañó esa noche cantando. Sólo lamentamos que dos parejas de nuestro grupo no hayan podido estar ese día con todos nosotros, pero ya tendrán ellos la oportunidad de hacer su Alianza de Amor con María, y sin duda que los acompañaremos en esta experiencia maravillosa.

 

Maximiliano Cortés y Daniela Bosman

2° año de Formación

Rama de familias

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